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Historia UGT Andalucía

La historia de la Unión General de Trabajadores (UGT) en Andalucía corre paralela a los cambios políticos, económicos y sociales que se han producido en nuestra comunidad y en nuestro país y que conforman la realidad actual. Es la historia de la reconstrucción de una organización sindical, rescatándola del recuerdo de un pasado que cuarenta años de dictadura no pudieron borrar de la memoria individual y colectiva de varias generaciones de trabajadores y trabajadoras.

Esta reconstrucción comenzó, a principios de los años 70, en un despacho de abogados laboralistas de Sevilla, de la mano de un grupo de jóvenes decididos a renovar las anquilosadas estructuras del Partido Socialista y el Sindicato UGT.

Para ello, este grupo, entre los que se encontraban Luis Yáñez, Alfonso Guerra, Felipe González y Guillermo Galeote, comenzó por contactar con el movimiento obrero “real”, donde la UGT había perdido toda su influencia.

Gracias a los primeros éxitos en conflictos laborales como los de la Siderúrgica Sevillana, Los Certales o Cerámicas Bellavista y a la captación de los primeros militantes obreros, la UGT fue consiguiendo una creciente implantación, aunque desigualmente repartida en las provincias andaluzas y, a lo largo de 1974, logró el reconocimiento de las restantes fuerzas políticas y sindicales de la oposición franquista.

En 1975 la UGT ya había alcanzado una significativa presencia en importantes empresas del sector industrial, pero la llegada de estos trabajadores al Sindicato provocó los primeros conflictos con la dirección, todavía en el exilio, ya que los obreros reclamaban la total independencia entre el Partido y el Sindicato.

Sin embargo, estas diferencias pasaron a un segundo plano con la muerte de Franco, y es cuando UGT centró todas sus energías en la recuperación del espacio perdido durante la Dictadura.

Por entonces, el Sindicato sólo tenía una tímida implantación en el País Vasco, Asturias y Andalucía, fundamentalmente en el eje formado por las provincias de Sevilla y Huelva. Corría el riesgo de diluirse en el proyecto de crear una gran central unitaria, cuyos reiterados intentos fracasaron.

Asimismo, ante la propuesta del Gobierno de conservar las estructuras de la Organización Sindical franquista, la oposición de la UGT jugó un papel esencial. Su iniciativa de celebrar ya en España el XXX Congreso supuso la primera señal de resistencia a la “reforma sindical”, planteada por el ministro Rodolfo Martín Villa, por parte de unos sindicatos democráticos que exigían la libertad sindical plena.

Superada esta situación, la continuidad histórica de UGT quedó garantizada y, a partir de ese momento, entre finales de 1976 y durante 1977, el Sindicato experimentó un espectacular crecimiento en influencia y número de afiliados, al presentarse como un Sindicato con historia y apoyos suficientes.

En el XXX Congreso de UGT, Andalucía aparecía como la tercera región con mayor representación y en las primeras elecciones sindicales de 1978, los resultados en la Comunidad fueron muy parecidos a los del resto de España. De hecho, UGT ganó las elecciones a CC.OO en la mitad de las provincias andaluzas (Almería, Granada, Huelva y Jaén).

Este auge acrecentó, en un grupo de ugetistas andaluces, el deseo de iniciar la articulación de una estructura regional del Sindicato, deseo que fue acogido con cierto recelo por algunos de los principales dirigentes nacionales del Sindicato y por otros cargos provinciales, que creían que una organización regional podía restarles influencia.

En 1978, la Unión Provincial de Sevilla encargó a dos de sus dirigentes, Amador López y Faustino Díaz, contactar con las Uniones Provinciales para crear una estructura regional provisional encargada de convocar un Congreso que constituyera formalmente la UGT de Andalucía.

Salvando los recelos antes mencionados, la propuesta avanzó y fue asumida por la dirección confederal del Sindicato que, a través de su entonces secretario de organización, José Luis Cos, convocó a todas las Uniones Provinciales de Andalucía a una reunión en la Casa del Pueblo de Antequera (Málaga), el 8 de enero de 1979, para constituir “provisionalmente” la organización regional del Sindicato.

Esta Comisión Ejecutiva Regional provisional estaba encabezada por Faustino Díaz y comenzó a trabajar para convocar el Congreso constituyente, cuya celebración se fijó en Málaga los días 12 y 13 de enero de 1980.

En ese primer congreso se elaboraron los Estatutos de UGT-A, se establecieron los Órganos del Sindicato y se debatieron las ponencias sobre Política Sindical, Acción Reivindicativa y Cuestión agraria y paro. Además fue elegida, por unanimidad, la primera Comisión Ejecutiva Regional, con Faustino Díaz de nuevo como secretario general y representantes de todas las Uniones Provinciales.

Pero esta Comisión Ejecutiva seguía despertando recelos en las direcciones de algunas Uniones Provinciales, por la falta de sintonía con los vocales propuestos por ellas para que las representaran en el órgano regional. Esta situación llevó a Faustino Díaz a elaborar un documento en el que planteaba la necesidad de reestructurar la dirección de la UGT de Andalucía.

El documento fue aprobado por unanimidad por la Comisión Ejecutiva Regional, pero no fue aceptado parcialmente ni por la Comisión Ejecutiva Confederal, ni por el Comité Regional de Andalucía, reunido en Antequera en 1981. Esto provocó que el Secretario General, Faustino Díaz, presentara su dimisión irrevocable, aunque se mantuvo en funciones hasta que en marzo de 1982 la dirección de la UGT, después de un Comité Regional celebrado en Málaga, nombró una comisión delegada provisional de la Comisión Ejecutiva Confederal.

Esta comisión delegada estaba integrada por Eduardo Chinarro, Fernando Lappi y Antonio Cuevas quienes, junto a las Uniones Provinciales, asumieron la dirección de la organización regional “por tiempo indefinido” pero con el mandato prioritario de solucionar la crisis abierta.

El 2 de diciembre de 1982, en una reunión del Comité Regional de la UGT, en la que también participaron destacados dirigentes de la Comisión Ejecutiva Confederal, se acordó elegir una nueva Comisión Ejecutiva Regional.

Una vez resueltos los problemas internos, y asentada entre los trabajadores andaluces y las trabajadoras andaluzas, la década de los 80 discurre para la UGT-A entre el incremento de su influencia institucional y la ruptura de su tradicional alianza con el PSOE desde la reforma de las pensiones planteada por el Gobierno socialista en 1985. El desencuentro estalla en la huelga general del 14-D de 1988 y se plasmará en otros dos paros generales más, en 1992 y 1994.

Este alejamiento dura prácticamente hasta que en 1996 el PSOE abandona el poder por el triunfo del Partido Popular, lo que hace prácticamente imposible alcanzar acuerdos de relevancia en ese periodo. Sin embargo, la situación en Andalucía fue diferente. En nuestra comunidad, la política de concertación nunca se vio en peligro y la UGT-A y la Junta de Andalucía continuaron llegando a acuerdos.

A esta diferencia entre las relaciones del Sindicato y el Gobierno en el ámbito nacional y regional contribuyeron el contenido de los acuerdos, la forma de plantearlos y también la trayectoria sindical y política de los propios interlocutores que tenían en Andalucía el Partido y el Sindicato.

En la década de los 90, la trayectoria del Sindicato, que había superado con éxito la ruptura con el PSOE ejerciendo su autonomía como organización, se quiebra bruscamente con la crisis de la PSV (Promotora Social de Viviendas). Creada para construir viviendas para los afiliados/as y no afiliados/as bajo la fórmula de cooperativas, la gestión de los directivos de IGS-PSV derivó en grandes operaciones inmobiliarias de las que esperaban obtener importantes beneficios. Las cuentas comenzaron a ser deficitarias y en 1993 tuvo que declarar suspensión de pagos.

El conflicto deterioró el prestigio conseguido por la UGT y arruinó el proyecto de “Sindicato de servicios” que se había puesto en marcha a mediados de los 80. La UGT de Andalucía jugó un papel decisivo en la resolución de esta crisis al convertir a su entonces secretario general, Cándido Méndez, en el sustituto del histórico Nicolás Redondo al frente de la organización nacional. Por primera vez en la historia de la Unión un dirigente andaluz asumía la máxima responsabilidad, y precisamente en uno de los momentos más críticos desde los tiempos de la Guerra Civil y el franquismo.

Los costes del conflicto de la PSV tuvo que afrontarlos en Andalucía la dirección elegida en el V Congreso mediante un acuerdo con la EPSA (Empresa Pública del Suelo de Andalucía) para resolver el problema de los/las cooperativistas andaluces y andaluzas, que habían pagado por sus viviendas cuya construcción incumplía los plazos o se había paralizado.

En cuanto a la crisis interna que padecía el conjunto de la UGT durante 1994 y 1995, la UGT de Andalucía, por su condición de primera Unión Regional en número de afiliados, se convirtió en el principal apoyo al liderazgo de Cándido Méndez.

En Andalucía, las tensiones internas afloraron en el VI Congreso Regional celebrado en 1998, pero la generosidad con la que las dos partes enfrentadas aceptaron los resultados del mismo no sólo evitó cualquier tipo de ruptura, sino que fortaleció al conjunto de la organización regional.

A pesar de unos comienzos nada fáciles, UGT-Andalucía ha superado ya su vigésimo aniversario, más de veinte años durante los cuales ha desempeñado y desempeña un papel fundamental en la sociedad andaluza, papel heredado de nuestro pasado más reciente y que, desde los principios que inspiran nuestro modelo sindical, hemos de proyectar hacia el futuro, avanzando en una constante defensa de los intereses de los trabajadores andaluces y las trabajadoras andaluzas.

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